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Físico

¿PROVIENE EL HOMBRE DEL MONO?

 

5 COSAS QUE NOS DIFERENCIAN DE LOS PRIMATES

 

En multitud de aspectos los mamíferos superiores conocidos como primates, y los seres humanos son bastante parecidos.

Además de compartir la química del carbono, la química del agua y la de los ácidos nucleicos y las proteínas, a nivel genético, según un estudio del National Human Genome Ressearch Institute, los humanos y los chimpancés comparten el 99% de la carga genética (el 96% si se toman en cuenta las secuencias de ADN que se han organizado de forma distinta).

Pero es que entre los gatos de Abisinia, y las personas esa diferencia no se amplía demasiado… ¡Compartimos el 90% de la carga genética con un gato abisinio!

De hecho entre seres humanos somos bastante parecidos. Una persona comparte el 99’9% de su ADN con otra. Las diferencias entre tú y cualquiera de tus amigos, representan solo el 0,1% de toda vuestra carga genética.

Pero existen ciertas cosas que hacen que el ser humano sea único en aspectos fundamentales.

Pasemos a analizar algunos aspectos polémicos, pero ciertos que nos diferencian de nuestro, en teoría, ancestro común, los grandes primates:

1.      EL LIBRE ALBEDRÍO

La primera diferencia no pertenece al cuerpo físico, pero es muy significativa. El libre albedrío es el poder que tiene el ser humano de tomar sus propias decisiones.

Es decir, utilizar su VOLUNTAD para realizar acciones basadas en su inteligencia o en su sistema de creencias, y no está limitado por el instinto. A veces este libre albedrío presupone una responsabilidad moral, el ser humano debe hacerse responsable de sus propias acciones.

Eso significa que las personas pueden escoger hacer el bien o hacer el mal.

Los animales solamente pueden hacer lo que su condicionamiento les permite.

El instinto territorial es muy fuerte en los chimpancés, en teoría nuestro pariente más cercano. Grupos de adultos patrullan regularmente las lindes de su territorio, matando a individuos que están solos de otros grupos y anexionándose su territorio. Por suerte para los presidentes de escaleras de vecinos y para los conductores del metro en hora punta, nuestro instinto territorial prácticamente ha desaparecido y no nos matamos entre vecinos.

Esa capacidad humana de poder escoger, no la poseen nuestras mascotas. Dejar de amar incondicionalmente a sus amos, o mantener relaciones sexuales fuera de su periodo de celo ("estrous cycle", estro o ciclo estral), no es algo que los animales puedan o no escoger...

El estro es el único/únicos momentos del año en que los animales mamíferos primates tienen sexo, (menos el bonobo que mantiene relaciones sexuales todo el año solo por placer), y que usualmente corresponden con el momento más idóneo para la posterior supervivencia medioambiental de sus crías.

A ese respecto cabe señalar que los animales están totalmente condicionados por su "programación previa". Por ejemplo, un perro no puede orinar en un piso, debe hacerlo en la calle siguiendo su instinto territorial. Esa imposibilidad de orinar donde quiere, puede llevarse también a otros escenarios animales.

-Un lobo siempre ofrecerá su cuello en señal de sumisión al líder de la manada.
-Un pájaro que no identifique los sonidos de sus crías como pertenecientes a su linaje, las matará al considerar que son de otra madre y han invadido su territorio.
-Un león matará a todos los cachorros de otro león al cual ha vencido e inmediatamente se apareará con todas las leonas para esparcir su carga genética.

Todos esos comportamientos son instintivos y, aunque quieran, esos animales no pueden dejar de ejecutarlos de forma automática (como una ardilla que entierra sus bellotas).

El ser humano dispone de un tipo especial de neurona llamada “rosa mosqueta”, por su parecido con la flor. Ese tipo concreto de neurona no ha podido ser hallado en ninguna otra especie conocida. Quién sabe si ese tipo especial de neurona tenga influencia en nuestra toma de decisiones para permitirnos utilizar el “libre albedrío” permitiéndonos abandonar nuestra propia programación instintiva.

2. EL NÚMERO DE CROMOSOMAS

¿El ser humano desciende del mono? Uno de los argumentos de los detractores de la Teoría de la Evolución de las Especies de Charles Darwin (como toda Teoría aún no ha sido probada plenamente), es el siguiente:

"Es un hecho poco conocido que los chimpancés, gorilas y orangutanes (y otras especies de primates) no disponen del mismo número de cromosomas que el ser humano".

Y eso sí es un argumento digno de ser tenido en consideración.

En 1921 Theophilus Painter contó de forma incorrecta los cromosomas del ser humano, adecuándolo al de los primates, error que subsistió durante más de 30 años.

Pero en 1955, el indonesio Joe-Hin Thio descubrió que el ser humano dispone de 23 pares de cromosomas (lo que da un total de 46 cromosomas). Los grandes primates disponen de 24 pares de cromosomas (48 en total).

El cromosoma nº 2 humano está formado por la fusión de 2 cromosomas de mono de tamaño medio.

O sea, el ser humano tiene menos cromosomas que los primates.

3. EL VOLUMEN CEREBRAL Y EL HABLA

El volumen cerebral de los seres humanos es tres veces mayor que el volumen cerebral de los primates, y 7 veces mayor de lo esperado en relación a nuestro tamaño corporal.

Existen diferencias significativas entre las áreas corticales de humanos y simios. El origen de esas diferencias volumétricas a día de hoy es un enigma científico, puesto que nuestro neocórtex, responsable de las funciones cognitivas complejas, no es mucho más grande que el de los grandes primates.

Pero los cerebros humanos también muestran más pliegues de superficie, conocidos como "circunvoluciones", que otros simios. Esto aumenta el área de la superficie del cerebro sin afectar el tamaño o el volumen, lo que significa que se pueden hacer más conexiones en el cerebro humano por unidad de volumen.

En un artículo publicado en la revista científica CELL, un grupo de investigadores del Mater Research Institut y de la Universidad de Queensland (Australia), han publicado el descubrimiento de un nuevo gen en el ADN de nuestros ancestros, el NOTCH2NL, que sería el causante de las grandes dimensiones de nuestro cerebro que obliga a las mujeres a parir prematuramente para que la cabeza del bebé pueda pasar por el tracto vaginal. El cerebro humano ha triplicado su volumen en los últimos 4 millones de años:

“Dos de los principales rasgos del ser humano son la ampliación de las dimensiones cerebrales y el lento crecimiento del sistema nervioso en el interior del útero materno […] La aparición de los genes NOTCH2NL específicos para humanos puede haber contribuido a la rápida evolución del neocórtex humano haciéndolo más grande, pero acompañando dicho proceso de una serie de trastornos mentales como autismo, o esquizofrenia, al contribuir también a una pérdida de la estabilidad genómica en el locus 1q21.1”–Profesor David Haussler, Universidad de California.

Todo esto implica que, a diferencia de los primates, el bebé humano es el único en el mundo que nace totalmente inmaduro y con nulas posibilidades de supervivencia por su cuenta.
Los seres humanos toman mucho tiempo para crecer. Los chimpancés alcanzan la madurez reproductiva a los 8 años, volviéndose seres totalmente independientes a esa edad. Por otro lado, el cerebro humano continúa creciendo en tamaño y complejidad durante la infancia. Esa "plasticidad" nos otorga una ventaja evolutiva enorme respecto de otros primates.

"Esa plasticidad del crecimiento cerebral no limitado a la edad temprana, se trata de la mayor ventaja adaptativa de la especie humana" - (Bjorklund - 1997)

Otro descubrimiento importante es que los humanos tienen menos cantidad de cierto tipo de genes en sus cerebros. En este caso, menos es más, como propone el profesor de la Universidad de Washington, Maynard Olson,
el cual sugiere que la pérdida de elementos funcionales (como los 2 cromosomas y ese cierto tipo de genes en el cerebro), contribuyó a los aspectos críticos de la evolución humana relacionados con el tamaño del cerebro.

EL HABLA HUMANA

Un ejemplo obvio de diferencia absoluta con los chimpancés, es nuestra capacidad de lenguaje, de la que los grandes simios carecen.

Esa capacidad de transmitir conocimientos (y no solamente emociones), a través del habla, influye en nuestra capacidad para crear tecnologías increíblemente complejas basándonos en el conocimiento transmitido por pensadores anteriores, un concepto conocido como "cultura acumulativa" (de la que no pueden beneficiarse otras especies inteligentes como los delfines, puesto que no pueden dejar por escrito los conocimientos previos).

También podemos mantener vínculos sociales más profundos con un mayor número de personas que nuestros parientes biológicos más cercanos.

4.    DIFERENCIAS ANATÓMICAS SIGNIFICATIVAS

Antes de que se postulara que el ser humano tuvo su origen en entornos selváticos, la opinión generalizada de los científicos era que los homínidos evolucionaron en las sabanas africanas (aun hoy en día existen ciertas discrepancias al respecto entre la comunidad científica). Las sabanas se inundaban con las crecidas de ríos motivadas por los periodos de lluvias.

Este hecho provocó que en épocas recientes estuviera de moda una tesis catalogada hoy en día de "pseudociencia", que reivindica que el ser humano surgió de un entorno semi-acuático.

A esta teoría se la denomina hoy en día “Teoría del simio acuático” y rechaza de plano que el hombre y la mujer provengan de los grandes simios, sino que son dos especies diferentes con orígenes diferentes.

Los defensores e introductores de la Teoría del Simio Acuático fueron el biólogo y médico patólogo alemán Max Westenhofer en 1940, el biólogo marino Sir Alister Hardy (1896-1985), y sobre todo la conocida activista feminista Elaine Morgan (autora de “The Aquatic Ape” – 1982).

Sus argumentos para distinguir el origen de la especie humana del origen y evolución de los grandes primates son los siguientes (además de los ya comentados):

A. EL MONO DESNUDO

El ser humano, a diferencia de todo el resto de primates, prácticamente no dispone de pelaje en su cuerpo. Si el pelo en el cuerpo fuera una ventaja evolutiva (para evitar el calor de la sabana africana como se dice), los esquimales serían seres peludos tipo "Yeti", para poder soportar el frío de Groenlandia.

Pero no es el caso... ellos soportan mejor el frío debido a un gen alterado, el TBX15,  proveniente del hombre de Denisova (el cual facilita la producción de calor gracias a la oxidación de un tipo de grasa.

Por lo tanto, eso sería un indicio de que el ser humano nunca ha sido un ser peludo, como ocurre con los mamíferos y con los primates. Nuestros folículos capilares llamados cabellos o pelos (según la zona) son extremadamente finos comparados con los de un primate. Los pocos animales mamíferos de nuestro tamaño que no tienen pelo, están asociados a entornos acuáticos (delfines, hipopótamos).

B. SUDOR SIN GRASA:

Nuestras glándulas sudoríparas ecrinas exudan agua salada con urea conocida como “sudor”. Los primates además exudan un líquido aceitoso por sus glándulas sebáceas apocrinas (sebo o grasa). Los humanos únicamente tenemos algunas glándulas sebáceas aprocrinas en axilas y genitales (pelos gruesos), por eso el sudor en esas zonas huele diferente. Los primates tienen ambos tipos repartidas por todo el cuerpo por igual.

Es un hecho conocido que los perros no sudan y deben regular su temperatura con el aire que pasa por su lengua. Nuestras glándulas sudoríparas tienen lo que se llama mayor Eficacia Termorreguladora que el sistema de los primates (los cuales no podrían correr grandes distancias debido a este mismo hecho. Se “sobrecalentarían”).

Nota: Otros animales sí sudan por la piel, como el caballo o el hipopótamo, pero al igual que el ser humano, tampoco disponen de pelaje en todo su cuerpo.

C. PAPA PIERNASLARGAS

Al contrario que la mayoría de simios, los humanos tenemos las extremidades inferiores más largas que las superiores (brazos). En teoría este argumento se usa para demostrar que somos cazadores-corredores que utilizaron la carrera de resistencia para acabar con sus presas (más rápidas, pero menos resistentes).

Los simios tienen los brazos más largos que las piernas para saltar de rama en rama. Este es un argumento más para demostrar un origen diferente de homínidos primitivos y los primates actuales.

D. EL PULGAR OPONIBLE

Pocas especies disponen de manos. Pero no existe una herramienta más perfecta que la mano humana. A diferencia de la mano simiesca, el pulgar oponible no está demasiado bajo, (la punta del pulgar casí nos llega a la segunda falange del dedo índice), con lo que puede agarrar objetos y herramientas de forma mucho más fuerte y eficiente. Eso es el resultado de la liberación de las manos de la mecánica del movimiento necesario para desplazarse a cuatro patas.

El ser humano puede coger con fuerza desde palos, piedras y lanzas grandes, hasta algo tan pequeño como un alfiler. Para un gran primate al estilo de gorilas, chimpancés, bonobos y orangutanes, eso es casi una misión imposible. El mono araña y en general, todos los monos de la clase “Ateles” incluso no disponen de pulgares en sus manos. Aunque otra característica que distingue a los chimpancés de los seres humanos es su gran fuerza, superior 2 veces y algo a la de un ser humano, (debido a una mayor proporción y longitud en sus fibras de contracción rápida). ¿Explicaciones a este hecho?. Pocas...

 “Existe la posibilidad de que los humanos redujeran el consumo energético de sus músculos en favor de un mayor cerebro”John Hawks, antropólogo de la Universidad de Wisconsin.

F. MONOS OBESOS

Disponemos de 10 veces más grasa corporal que la del resto de animales terrestres de nuestro tamaño. A diferencia de los osos que hibernan y acumulan grasa durante muy poco tiempo, nuestra capacidad de retener grasas es superior a la del resto de mamíferos.

Somos tan obesos en grasa como pueda serlo un salmón (que necesita grasa para conservar la temperatura en aguas frías). Los pescados azules tienen un 10% de grasa, contra un 2% de grasa corporal del pescado blanco. Y quizá por esa razón sean tan beneficiosos para nuestro organismo los ácidos grasos insaturados como el omega-3, abundante en salmones y atunes.

H. FACILIDAD PARA LA APNEA

El único mamífero terrestre que puede controlar su respiración de forma total si así lo desea, es el ser humano. En simios y en el perro existe lo que se llama el “Reflejo de zambullida”, que no se aproxima tanto a ese “control total”.

A ese respecto, somos más parecidos a los delfines y a los cetáceos en general, puesto que estos mamíferos salen a la superficie a respirar cuando lo necesitan. Además los delfines son los seres vivos con el cerebro más parecido al humano en relación a la proporción cubicaje del cerebro - tamaño del cuerpo.

I. RASGOS VESTIGIALES

Las manos humanas disponen de membranas interdigitales, una especie de pliegue de piel que une los dedos. En algunas personas, se da más que en otras.

Casi parecemos seres palmípedos, con una mayor facilidad para nadar o bucear que los primates. Un bebe chimpancé se ahoga rápidamente si cae al agua. El bebé humano nace sabiendo nadar. De hecho, ahora se intenta potenciar el parto acuático en muchos hospitales, puesto que la madre sufre menos, y el bebé no tiene tanto contraste entre la temperatura corporal de la madre y la temperatura ambiente.

 

5.    POSTURA BÍPEDA

Ningún primate anda todo el tiempo a dos patas y poquísimos ejemplares han sido vistos haciéndolo de vez en cuando. Para el “homo erectus”, andar con solo 2 extremidades, significó realizar cálculos mentales continuos en la corrección del equilibrio postural.

Por eso es tan difícil aprender a ir en bicicleta. Es más fácil ir en cuatro ruedas/piernas, como el resto de animales, primates incluidos.

Para eso se necesita mayor capacidad de cálculo, y esa es una de las razones por las que nuestro cerebro es mucho más grande en cubicaje que el de los simios.

Según la Teoría del Simio Acuático, solo un entorno de caza con agua hasta el pecho pudo facilitar la estabilidad necesaria (al pesar menos durante un largo periodo de tiempo), para que el peso del tronco humano no desestabilizara al cuerpo y fuera posible aprender el andar bípedo. Quizá esa circunstancia fuese motivada al cazar crustáceos, y peces con las manos, en un entorno preminentemente acuático (quien sabe si al bajar el agua paulatinamente durante milenios después de uno o varios diluvios).

En contrapartida, el ser humano experimenta mayores problemas de espalda que el resto de seres vivos.

CONCLUSIÓN:

Uno a uno estos argumentos no deberían invalidar la Teoría de la Evolución de las Especies de Charles Darwin, pero todos juntos, unidos al hecho de que aún no ha sido descubierto el “eslabón perdido” evolutivo entre el hombre y el mono, dan que pensar.

FUENTES:

El País - El hombre y el chimpancé comparten el 99% de sus genes       

BBC - Los chimpancés "hacen la guerra" a sus vecinos

The Royal Society – Towards a scientific concept of free will as a biological trait: spontaneous actions and decision-making in invertebrates

BIg Picutre - Primate brains: how do humans compare?

Molecular Biology and Evolution - Archaic Adaptive Introgression in TBX15/WARS2

CELL - Human-Specific NOTCH2NL Genes Affect Notch Signaling and Cortical Neurogenesis

El país - ¿Tiene más fuerza un chimpancé que un humano?

Elaine Morgan - The Aquatic Ape Hypothesis.

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